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MEDITACIONES DEL EDUCADOR DE HOY “Se necesita todo un pueblo para educar un niño” Proverbio Chino. Gracias a los Educadores  por su compromiso y dedicación.

MEDITACIONES DEL EDUCADOR DE HOY “Se necesita todo un pueblo para educar un niño” Proverbio Chino. Gracias a los Educadores por su compromiso y dedicación.

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                            MEDITACIONES DEL EDUCADOR DE HOY

“Se necesita todo un pueblo para educar un niño” Proverbio Chino

 

Por: NELSON HURTADO RAMIREZ

Supervisor de Educación Departamental

Según Werner Jaeger en su Paideia, para todos los pueblos que alcanzan algún grado de desarrollo “la educación es el principio mediante el cual la comunidad humana conserva y transmite su peculiaridad física  y espiritual”; lo que quiere decir que, la comunidad la que, por medio de la educación y mediante el conocimiento y la apropiación del mundo que hace posible, procura mejores condiciones para la existencia humana.

Retomando uno de los apartes de Rodrigo Parra Sandoval, reconocido investigador de la educación en nuestro país, considera que la principal ruptura en la historia de la educación en Colombia se dio cuando el proceso educativo se centró en la transmisión del conocimiento con la pretensión de alcanzar los niveles de los países desarrollados. Según Parra Sandoval, por tal motivo, se implementó una escuela distribuidora de conocimiento y con ello se debió abandonar o dejar de lado la otra función esencial: “la educación para la autonomía”.

Dicho de otra manera: se abandonó la educación moral, se perdió la capacidad de razonar por sí mismos, de reflexionar, de pensar y de valorar los propios actos, para convertirse en “consumidores de conocimiento que otros crean”.

Si aceptamos entonces que el principal objetivo de la educación es la autonomía y que ésta es un estado pleno de moralidad, la pregunta sería: ¿Cuáles son las virtudes morales que hoy se deben enseñar y cómo ello ha de hacerse?

Si las virtudes se enseñan sobre todo con el EJEMPLO y no han de ser propiamente las virtudes religiosas las que deban enseñarse, cuáles son entonces las virtudes que debería poseer hoy el maestro para lograr a través de la educación, además de una buena instrucción u orientación, una formación tal que nos permita entregar a la sociedad seres verdaderamente autónomos, capaces de tomar decisiones razonadas y encaminadas siempre hacia la búsqueda del bien, postulado con buen posicionamiento en los PEI y manuales de convivencia de las Instituciones educativas.

Si aceptamos que una virtud es una disposición adquirida para hacer el bien, cuáles deberían ser entonces aquellas virtudes que al propender por la búsqueda del bien a través de las buenas acciones, costumbres, deberían ser un objetivo principal de la educación y por ende condición sinequanon del perfil de los educadores?

Muchas han sido las virtudes que filósofos como Aristóteles, Montaigne, Spinoza, Kant, Nietzsche y más recientemente Comte-Sponville, entre otros, han estudiado prolijamente: la fidelidad, la prudencia, la templanza, la valentía, la justicia, la generosidad, la compasión, la misericordia, la gratitud, la humildad, la sencillez, la tolerancia, la mansedumbre, el humor, el amor y otras más. La mera enunciación de alguna de ellas puede sonar a muchos como algo pasado de moda: Mansedumbre? Sencillez? Humildad? Gratitud? Compasión?

Para qué poseer estas cualidades se preguntarán muchos, en un mundo signado por la fama, el éxito, el dinero, el consumo, la agitación, el riesgo, el exceso, la velocidad, lo light? Para volver a encontrar la senda de algo que, en las I.E. y Universidades se ha esfumado, desvanecido en muchos: la senda de la felicidad! Felicidad que no depende de las posesiones sino que es el producto de un estado neuronal, de un determinado tipo de ondas cerebrales propiciado y favorecido por la práctica de las virtudes, tal y como lo vienen demostrando las más avanzadas investigaciones, lecturas y ensayos en neurociencias. En nuestro estilo de vida y en nuestro cerebro están la clave de la felicidad, lo que muy bien se corresponde con aquello que firmaba Platón que “la felicidad es un estado del alma”.

No venimos al planeta para desarrollarnos simplemente, venimos a la vida intentando ser felices. Porque la vida es corta y se nos va como el agua entre los dedos. El desarrollo no puede ser en contra de la felicidad, tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor, de las relaciones humanas, de cuidar a los hijos, de tener amigos, de respetar y valorar a nuestros estudiantes, de promocionarles con principios éticos dentro de una escala de valores educativos, sociales sin reparo alguno.

En el maestro, el educador de hoy deben ser imprescindibles la prudencia, la justicia, la generosidad, la gratitud, la sencillez y la tolerancia, pero cuan bueno fuera que además de éstas fuese poseedor de la humildad, la compasión como antorchas encendidas en el arte de educar con honor, con el ejemplo sin mácula en la conciencia del niño(a), joven que le atiende, le escucha y le comprende.

La educación de nuestros jóvenes no puede quedar en las manos exclusivamente de las instituciones educativas. Cuando un niño(a) llega a la escuela con tres años, lleva dentro de sí toda una serie de hábitos, actitudes y comportamientos aprendidos que serán la base sobre la que irá construyendo su personalidad en todas sus facetas.

En las instituciones educativas pasan nuestros hijos y alumnos un 20% de su tiempo (5, 7 horas); el resto, 80% (17 horas), están bajo la mirada continua, discontinua y responsabilidad de sus padres.

Todos los seres humanos estamos aprendiendo continuamente. Lo real no es que no aprendamos, sino que a menudo aprendemos lo que no se debe. Porque de nada se aprende tanto como del ejemplo: y cualquier persona en el mundo moderno está con frecuencia expuesta a dicientes y pésimos ejemplos. La TV no es precisamente una cátedra de buenas maneras, la política no es siempre una lección de honestidad, la publicidad no es que sea una lección de modestia y de austeridad, la economía mundial no es ni mucho menos una lección de generosidad, el modo como se gobierna el mundo no es por supuesto una admirable lección de lógica. Y cuando los alumnos, al responder las pruebas de evaluación de sus procesos de entendimiento, demuestran que no saben manejar los principios básicos de la lógica, que no logran razonar, que no saben deducir, que no comprenden bien el sentido de los textos, que no consiguen argumentar con claridad y con método, con frecuencia lo que nos están demostrando es que viven en un mundo que no enseña lógica, que no muestra sensatez, que no transmite orden mental, que no enseña a entenderse con los demás.

No cometamos el error de pensar que todo ello se debe exclusivamente a que están fallando los docentes, a que están fallando las estrategias pedagógicas, a que está fallando la escuela. Lo que ocurre es que la escuela es una parte apenas del sistema educativo, y a veces descargamos sobre ella toda la culpabilidad de los males y toda la responsabilidad de las soluciones. Por eso insisto, repito que la educación tiene el deber, obligación moral de corregir los males sino de toda una sociedad, si al menos del entorno inmediato de la escuela para salvarlo en momentos de tanta zozobra, de tanta angustia.

Gracias a un vasto proceso de reflexión se ha identificado finamente algunos problemas que es urgente resolver en los procesos educativos. Tienen que ver con el pensamiento, la creatividad, la afectividad, la comunicación y la socialización.

El propósito de la educación no puede ser hacernos exitosos y rentables. Eso limita la educación a la formación de operarios sin donaire y sin valores, nos hunde en el peligro de creer que allí donde hay éxito individual se ha cumplido la misión.

Quiero terminar estas meditaciones recordando la importancia de tres cosas:

Una, del aprendizaje a través del hacer.

La segunda, el entender que la educación no educa a todos sino a cada uno:  que para ser una formación que ayude a vivir, debe tener en cuenta las preguntas que brotan de cada conciencia, de cada ser humano.

La tercera, que en el camino de superar el aspecto puramente cerebral, teórico e intelectual, es urgente y primario aprender con todo el cuerpo.

Para todos(a) los docentes directivos y docentes del departamento de Caldas mi afectuoso saludo, mi reconocimiento por la dedicación, loable entrega y servicio en bien de nuestros niños(a), jóvenes y adolescentes que tanto esperan de su escuela.

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